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El ocio ¿un sector para especialistas? ¿para economistas?

Juan José de Torres Romo
Economista y Socio Director de DTA Ocio y Turismo.

Parece claro que uno de los factores más importantes que han dinamizado la economía española en la salida de la crisis ha sido el auge del sector del ocio. El incremento del turismo extranjero y el aumento notable del consumo interno relacionado con el "tiempo libre" han contribuido de manera clara a la mejora de las cuentas nacionales. La NUEVA ECONOMÍA de los SERVICIOS contempla un mix de actividades de gran proyección y crecimiento futuro: COMERCIO + OCIO + TURISMO. El desarrollo continuo de los servicios relacionados con el TIEMPO LIBRE y el ENTRETENIMIENTO, lleva aparejado la necesidad de una mayor ESPECIALIZACIÓN para competir y mejorar la oferta, para incrementar el ratio de rentabilidad de las empresas que operan en este sector y para consolidarlo como una de las fuentes de riqueza más importantes de nuestro país.

El ocio es un sector mediático y glamuroso, que absorbe gran parte de las iniciativas empresariales del momento y sin embargo, no estamos frente a una actividad fácil de planificar y de gestionar  y lo demuestra el gran número de fracasos que acumula. Muy al contrario, puedo asegurar de que se trata de una actividad mucho más difícil de controlar que el resto. Su dependencia de un medio permanentemente cambiante y la necesidad de adaptación inmediata a él, así como el difícil manejo de la variable estacional, hace que la gestión del ocio pueda llegar a ser un auténtico jeroglífico.

La intuición es una cualidad que puede ayudar a la hora de emprender, pero lo cierto es que puede llegar a distorsionar la realidad y dificultar la toma de decisiones. La intuición resulta siempre insuficiente para garantizar el éxito de un proyecto y en muchos casos, su utilización como argumento empresarial, llega a ser la causa del fracaso. El sentido común es una condición necesaria para poder iniciar un proyecto empresarial, pero es una cualidad "común" y por tanto no diferenciadora a la hora de competir. La capacidad para la improvisación es útil para salir del paso en determinados momentos, pero se puede convertir en una auténtica bomba de relojería en el medio y largo.

En la mayoría de los fracasos empresariales aparece como elemento común, la ausencia de especialización o de referencia profesional adecuada y tres factores que han determinado la evolución del sector del ocio en los últimos años:

Desarrollo de proyectos de inversión inadecuados por desconocimiento del producto.

Inversiones sobredimensionadas basadas en estudios de mercado no realistas, o llevadas a cabo incluso, sin estudio de mercado.

Implantación de modelos de gestión y estructuras no eficientes, importadas de otros sectores o de otros países.

Las empresas multinacionales utilizan modelos de gestión diseñados por sus propios directivos, modelos no contrastados, que cambian y evolucionan a medida que dichos directivos son sustituidos por otros. Las empresas locales y familiares entran en este mercado con ímpetu, alegría, mucha ilusión y con un espíritu aventurero, que unidos a su ignorancia y falta de experiencia, forman el cóctel necesario para el fracaso. Sólo nos faltaba el sector público gestionando centros de ocio de manera directa y compitiendo con  el sector privado. La rigidez del modelo público y su vocación contraria a la eficiencia y a la rentabilidad distorsionan el mercado y lo inhabilitan como gestor.

Es el momento de los "expertos". No basta con modificar las políticas globales empresariales tradicionales. Las empresas de ocio necesitan cambiar su cultura, rediseñar y unificar sus modelos de gestión, adaptándolos al nuevo mercado. Creo que no es el momento de "tertulianos", colaboradores y consejeros que "saben de todo", porque aunque sus opiniones sean razonables, también son obvias y no suelen ser de gran utilidad en la toma de decisiones. Creemos que la eficiencia de la empresa, hoy y en este sector más que nunca, depende de una toma de decisiones rápida y coherente y  esto sólo se puede conseguir a través del conocimiento que aporta la experiencia y la especialización.

Hay una clara contradicción o contraste entre el gran potencial del sector del ocio en España y su capacidad para generar riqueza y la poca o nula  profesionalización del mismo. Se hace necesaria la creación de programas de formación específicos, con la intención de dotar a este sector de recursos humanos con una formación adaptada a las nuevas necesidades.

El sector del ocio necesita economistas especializados, que sustituyan su tradicional vocación de historiadores y expertos en explicar a posteriori lo que ocurre en el mercado, por la de "adivinos" o expertos en predecir escenarios futuros. Hacen falta economistas que compatibilicen su rigor contable, con la creatividad. El perfil de la mayoría de los puestos directivos y del segundo nivel de los centros de ocio, coincide con las capacidades que se le suponen a los economistas y creo que lo único que les falta para copar estos puestos en las empresas, es una formación específica que a fecha de hoy no existe de manera formal y que deberíamos desarrollar.


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