Entrevistas

"El que resuelva el dilema de generar empleo con el impacto tecnológico y la digitalización, será el Keynes del siglo XXI"

Entrevista a Angel Ortí, catedrático de la Facultad de Economía

- ¿Cómo comenzó su andadura en la facultad?

En octubre de 1971, a instancias del entonces decano, Salvador Condominas, y del catedrático, Alejandro Lorca, comencé a dar clases de Microeconomía en la Facultad de Económicas de la Universidad Valencia hasta junio de 1.973. Más tarde, en Diciembre de 1976, siendo profesor agregado de la Universidad de Barcelona tome posesión de la Cátedra de Valencia y en enero de 1.978 mi familia se trasladó a vivir aquí definitivamente. En aquella época, todo estaba por hacer en la facultad y me pareció interesante quedarme en ella. Por las circunstancias políticas de la época y el ambiente muy comprometido, pensé que podría ser útil trabajar para organizar y consolidar el centro.

Por aquel entonces, la Facultad de Económicas no tenía nada que ver con la de ahora. Era una facultad incipiente, de paso para los profesores que ganaban una plaza de funcionario. Éramos un grupo de amigos. Tuvo muchos problemas de consolidación al principio, incluso había problemas para completar el cuadro de profesores en algún inicio de curso.

- ¿Cómo llegó a decano?

- A los pocos meses de mi incorporación, el decano Sánchez Ayuso fue elegido diputado en las elecciones de mayo de 1977 y poco después, fui nombrado decano en sustitución suya. Estuve un tiempo, hasta que en julio 1979 ocupé el cargo de Vicerrector con el equipo del rector Joaquín Colomer. Después de cinco años en el cargo, volví a la Facultad y salí reelegido decano sucesivamente hasta 1995.

- Durante su Decanato, la Facultad fue un referente europeo en la internacionalización de los estudios de Economía y Empresa. De su impulso nacieron iniciativas como las dobles titulaciones internacionales GEE (Graduado Economía Europea) y GEDE (Graduado Europeo en Dirección de empresas) o el International Máster in Business Administration (IMBA). ¿Cómo percibió esa necesidad de que la Universidad de Valencia tuviera un carácter más internacional?

- Tiene que ver con mis experiencias vitales de joven. Tenía familia exiliada en Francia, a la que visitaba en la década de los cincuenta en verano, y me di cuenta de que España era un mundo muy cerrado y debía abrirse. Mas tarde, en 1968, obtuve una beca de la OCDE para estudiar en París lo que me reafirmo en mi idea de vincularse a Europa. Cuando a mediados de los ochenta, España como país candidato, se incorpora al programa Erasmus, apostamos decididamente por el proyecto: creamos un Vicedecanato de Relaciones Internacionales para centralizar y organizar los Becas Erasmus y al poco tiempo, alcanzamos acuerdos con la Middlesex University de Inglaterra y la Universidad de Nantes para ofrecer programas de doble titulación. En 1990 empezaron a funcionar los títulos propios de graduado (GEE y GEDE). Posteriormente, implantamos el International Máster in Business Administration (IMBA), especializado en marketing, que tiene mucha demanda.

- ¿Fue un proceso complicado?

- Entonces los planes de estudio eran de cinco años muy rígidos, sin optatividad. Tuvimos que ser hábiles y creativos para casar nuestros programas oficiales con los de estas universidades. Eso sí, hay que reconocer que desde el principio las autoridades académicas de la Universidad de Valencia nos dieron bastantes facilidades. Nos autorizaron a tener clases de idiomas y a incluir materias extracurriculares que no estaban en los planes de estudios, como Economía Europea. Fue un salto cualitativo para la facultad, pionera en la internacionalización de la Universidad de Valencia.

En el Curso 2013-2014, 1750 estudiantes de la UV se fueron a estudiar al extranjero, de los cuales 500 eran de la Facultad de Económicas; ese mismo año, la Universidad acogió 2.000 estudiantes, algo más de 500 se vinieron a la Facultad de Económicas. Es decir, la cuarta parte de la movilidad estudiantil la genera la Facultad.

-¿A qué  lo atribuye?

- A que se fomentó desde el principio, en los ochenta. En la primera asamblea informativa a los estudiantes que se incorporan al centro, ya se les explica que pueden hacer sus estudios a la "carta" y se les aconseja que se preparen en idiomas y salgan fuera. Tener experiencia en el extranjero y manejar idiomas está muy bien valorado. Según un estudio que hicimos, los estudiantes que habían participado en la doble titulación eran los primeros en encontrar trabajo; los Erasmus eran los segundos. Los estudiantes que habían estado cuatro o cinco años calentando silla en la facultad eran los que tenían un poco más de dificultad para incorporarse al mercado de trabajo.

- La Facultad cuenta con una importante biblioteca ¿Fue complicado nutrirla de tantos fondos?

- Desde su creación las distintas autoridades académicas apostaron por la creación de una buena biblioteca. Al cabo de unos años, logramos comprar la biblioteca personal del profesor José Vergara Doncel tras su fallecimiento en 1983. Estaba formada por varios miles de libros que completaba muy bien lo que tenía la Facultad, con primeras ediciones y una colección de libros de los siglos XVIII, XIX y principios del XX. De hecho, muchas universidades americanas iban detrás de la colección, pero llegamos a un acuerdo con su hijo, amigo y compañero en la Universidad Autónoma de Madrid. La Facultad tiene unos recursos bibliográficos muy importantes.

- También fue el responsable, a mediados de los ochenta, de que la Facultad tuviera los primeros equipos informáticos trabajando en red.

- El nivel de equipamiento tecnológico de nuestro centro ha sido importante desde el principio. Compramos las primeras máquinas eléctricas de escribir en 1977, fuimos la primera facultad en tener un ordenador propio, un IBM 5110, incentivamos la compra de ordenadores en los departamentos y establecimos la primera red autónoma de la facultad conectada a todos los departamentos. Como Vicerrector, también participé en la Comisión de Creación del Centro de Cálculo de la Universidad. Ya se veía venir que la informática seria en el futuro una herramienta fundamental.

- Tuvo un papel clave en el cambio de planes de estudio. ¿Cuál fue exactamente su aportación?

- He dedicado bastante tiempo a distintos  cambios de sus planes de estudios, excepto en el último. Yo estudié el plan de 1953, que no se revisó hasta 1973, este se mantuvo hasta 1993. Desde entonces, ha habido dos reformas en 2.000 y 2010. De un plan de estudios muy rígido, uniforme y común para todas las facultades del país, con poca especialización. A partir de 1.973 se inicio un proceso con mayor autonomía de los centros, en el que se dio mucho más peso a los estudios de administración de empresas. En el de 1993 introdujimos las clases prácticas obligatorias en las materias, era un plan de estudios mucho más abierto y flexible. En las dos últimas reformas ha disminuido en parte estas características pero en aplicación del modelo de Bolonia se incorporaron nuevos grados. En la última reforma sólo participé en la Comisión del Graduado en Internacional Business que en buena medida suponía la incorporación como estudios oficiales de las dobles titulaciones anteriormente mencionadas.

 

- También impulsó la doble titulación de ADE-Derecho. ¿Qué le hizo ver la necesidad de esa nueva titulación?

- Un economista en el mundo de la empresa necesita cierta formación jurídica; un abogado que trabaja en la empresa necesita cierta formación económica. Como consecuencia la reformas de planes de estudios del año 2000 algunos pensamos que el perfil ADE-Derecho podría ser interesante. En el curso 2.001-02 se creó una Comisión formada por tres profesores de Derecho y tres de la Facultad con ganas de encontrar una solución ante la mejor voluntad de ambas facultades. Fuimos muy creativos en combinar las asignaturas obligatorias en cada carrera con optativas. En el curso 2.003-04 se puso en marcha y fue un boom: en 3 ó 4 años se hizo popular en toda España, aunque era algo que ya se hacía en la Universidad de Deusto desde tiempo inmemorial. Además en el curso 2.002-03 la Facultad de Económicas fue pionera en la introducción de las enseñanzas en ingles de parte de sus cursos.

 

 

-  Hace tres años la Universitat de València le rindió un emotivo homenaje que contó con la participación del rector, el entonces decano de la Facultad de Economía y actual conseller de Hacienda y Modelo Económico, Vicent Soler, y numerosos compañeros de la facultad ¿Cómo recuerda aquel homenaje?

- Fue un acto entrañable, estuve rodeado de amigos de la facultad y la universidad, conocidos del mundo político con los que había colaborado, como Joan Lerma y Ricard Pérez Casado. Fue muy especial, sobre todo para mi familia. Tengo un recuerdo muy agradable.

- Forma parte del Colegio de Economistas de Valencia desde 1991. ¿Qué le aporta el Colegio?

- Estuve colegiado en Barcelona cuando acabé la carrera. En Valencia, no me colegié hasta que comenzamos labores en común con motivo del 25 aniversario de la Facultad.

- ¿Qué papel cree que debe jugar un Colegio profesional hoy en día?

- Su función es hacer ver a la sociedad para qué servimos los economistas, ser una garantía de buenas prácticas y salvaguarda de nuestra reputación profesional. En este sentido, el Colegio de Economistas de Valencia puede hacer mucho, siempre y cuando logre ofrecer una buena imagen de nuestra profesión.

- Siempre ha estado muy comprometido con la ciudad de Valencia. Colaboró, entre otras entidades, con el Patronato de Feria Valencia, AUMSA, IMPIVA o Caixa d'Estalvis de Valencia. También formó parte, en dos ocasiones, de la Comisión Mixta de Transferencias entre la Generalitat y la Administración Central del Estados. ¿Cómo recuerda todas estas experiencias?

- Fue muy agradable poder participar en la vida civil y política de Valencia, lo he pasado muy bien y he disfrutado mucho aportando mi pequeña experiencia. Sin embargo, he observado algunos aspectos negativos. Me sorprende la escasa capacidad valenciana de crear sociedad civil. La sociedad civil valenciana ha perdido mucha fuerza en pequeñas batallas internas, hay mucho cainismo. La Comunidad Valenciana no tiene el peso político y social en España que por su peso demográfico y económico debería tener. Y eso se ha notado desde el principio de la Transición.

- Desde su experiencia, ¿cómo ve la situación económica valenciana en estos momentos? ¿Cuáles son los principales retos que debe afrontar?

- Uno de los temas que más me preocupan es la reforma del sistema de financiación autonómico. La deuda autonómica es absolutamente inasumible, el nuevo modelo debe abordarse incluso antes de una eventual y aconsejable reforma de la Constitución.

Por otro lado, entre el turismo y el boom urbanístico se ha creado un castillo de naipes que hay que reconstruir. Cambiar el modelo productivo no es sencillo a corto plazo, pero muy necesario a medio plazo. Otro problema crucial es el impacto de las nuevas tecnologías y la digitalización, estos fenómenos hacen que cada vez sea necesaria menos mano de obra para producir bienes y servicios. Por otro lado, hay que bajar el paro como sea. El que resuelva este dilema será el Keynes del siglo XXI.