Noticias

Observatorio Financiero del Consejo General de Economistas, correspondiente a abril de 2019

El Observatorio Financiero del Consejo General de Economistas, correspondiente a abril de 2019, mantiene la previsión de crecimiento del PIB en el 2,1% para este año, con una evolución del presente trimestre algo superior al anterior: 0,7%. Este ritmo de crecimiento puede deberse, en parte, a la prórroga de los presupuestos -y la no aplicación de las medidas procíclicas de los nuevos-, no por ello antídotos de la desaceleración de nuestra economía, cuyos primeros síntomas se vienen constatando. Esta desaceleración es más patente aún en el entorno europeo: zona euro con una previsión de crecimiento del 1%, Italia en recesión técnica, Alemania corrigiendo expectativa de crecimiento del año hasta el 0,5% y Francia que puede hacerlo solo de forma cercana al 1,3%.

Nuestro crecimiento se viene sustentando en el buen comportamiento de la demanda, tanto en inversión residencial como en bienes de equipo, pero sobre todo en el componente consumo, fuerte, al compás del crecimiento del poder adquisitivo de los salarios y de los excedentes empresariales, con una inflación contenida y todavía, aunque ya levemente, inferior a la europea. El problema, como ya venimos señalando en anteriores informes, es el ahorro que ya está en mínimos- inferior al 5%- y sigue cayendo, siendo éste tan necesario como sostén para los meses que se avecinan, en los que se puede resentir el empleo y subir la inflación, tal como mantenemos en nuestras previsiones. No obstante, dada la política monetaria del BCE, de apoyo al crédito con el consiguiente tipo de interés bajo, no se prevé un incremento de la tasa de inflación para el 2019 superior al 1,9%.

Un mal augurio lo marca el petróleo ya superando los 75 dólares, subida que posiblemente sea coyuntural dado que Arabia Saudita tiene capacidad para incrementar la oferta del crudo, y la dependencia del mismo de nuestra economía, que la afecta más que al resto de Europa.  A la vista de ello, el único viento favorable es la política del BCE y sus bajos tipos de interés: La financiación de nuestra abultada deuda se ha abaratado considerablemente, a la vez que el déficit al final del 2018 terminó dentro de los parámetros marcados por Europa- algo que no va a ocurrir este año en el que se prevé terminar por encima del 2,5%-.      

Se da la circunstancia favorable de que el consumo público, que también contribuye al crecimiento, subió a un ritmo del 3% en el último trimestre de 2018, y se espera que este ejercicio mantenga un crecimiento por encima del 2%. Cataluña ha dejado de sumar en el 20% de peso que tiene su PIB en el nacional, que si antes llegó a crecer un 0,5% por encima del nacional, ahora se han igualado los ritmos de crecimiento.

El peor comportamiento sigue siendo el de la producción industrial, al igual que ocurre en Europa. Al menor peso de ésta en nuestro caso, se achaca en parte el diferencial favorable de crecimiento con respecto al resto del continente. Sin embargo, algo muy positivo, la fortaleza que siguen mostrando las inversiones extranjeras, en el futuro muy a expensas de los resultados electorales y lo que aquellos puedan afectar a la confianza externa sobre el país y consiguientemente a nuestra prima de riesgo. Algo implícito en el comportamiento de nuestro bono a diez años, muy sensible a las incertidumbres políticas y a la confianza en el país. Unos resultados electorales que atomizan los escaños en el Congreso, así como la constatada polarización de los partidos, puede avivar la venta de estos bonos y disparar sus rentabilidades. Asimismo, el paréntesis de incertidumbre existente hasta que se celebren las elecciones municipales, autonómicas y europeas, hace prever una parálisis de gobierno hasta que se puedan conocer las alianzas definitivas, que genera todo un escenario de incertidumbres.  

Las exportaciones van a seguir con aportación negativa o plana al crecimiento, salvo que la debilidad actual del euro marque otra cosa, algo improbable dado que el 60% de nuestras exportaciones se encaminan al área euro (de enero a febrero estas han caído un 0,6%), donde no incide el tipo de cambio. El bajo crecimiento de Europa y en concreto Alemania, unido a las incertidumbres del Brexit, el empeoramiento del comercio mundial por amenazas proteccionistas, así como el menor crecimiento de China, hace que estimemos para el ejercicio 2019 sólo un incremento del 2% de las exportaciones con respecto al 2018.

El problema de las medidas anunciadas por el BCE de continuar con su política laxa y de exceso de liquidez, así como de tipos negativos en la zona euro, es que con ello se agota su eficacia, cayendo en la llamada trampa de la liquidez -japonización- que por ahora es solo una amenaza de la economía europea.

En cuanto a la tasa de paro prevista para finales del 2019 mantenemos nuestra previsión en el 14%, a pesar de que, según la EPA, el número de parados se ha incrementado en este primer trimestre en 49.000 personas lo que supone un incremento de la tasa de paro de 25 centésimas.   

El aumento del paro se ha producido mayormente entre las mujeres, lo que indica el mayor índice de temporalidad de éstas en relación a los hombres. Por sectores, el más perjudicado ha sido el sector servicios y, en menor medida, la industria y la construcción, mientras que ha crecido el empleo en la agricultura.

Conviene destacar que este año el primer trimestre no incluye el "efecto Semana Santa" ya que ésta ha sido tardía, en el presente mes de abril. Por consiguiente, si desestacionalizamos los datos excluyendo el "efecto Semana Santa", el paro ha descendido en 441.900 personas, aumentando la ocupación un 0,76% intertrimestral, manteniendo la tendencia favorable de descenso del paro de los últimos 22 trimestres.

En las circunstancias actuales y tras los resultados electorales, sería aconsejable que el gobierno que finalmente se constituya tras estos comicios disponga de los apoyos necesarios para implementar la agenda reformista que continúa necesitando el país, y así como ponga en marcha las medidas que suavicen y mitiguen los efectos de la desaceleración económica del entorno actual. Confiamos en que nuestros políticos tengan la altura de miras y la responsabilidad que en las circunstancias actuales la situación del país requiere.