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Enrique Iranzo: "Nuestra profesión se ha debido adaptar muy deprisa porque los cambios se han producido de una manera muy rápida"

Enrique Iranzo. Tesorero de COEV desde el 28.11.1975 al 29.05.1978

¿Qué supone para usted el reconocimiento que ha recibido en el Día del Economista por sus 50 años como colegiado?

Es un acto emotivo porque realmente recibes el cariño de los colegiados, muchos de ellos a los que ni siquiera he tenido la oportunidad de conocer personalmente. La verdad es que estoy muy agradecido a los compañeros y a la Junta de Gobierno por esta distinción.

Se han comentado los grandes cambios en los últimos tiempos en la profesión de asesor fiscal. ¿Cómo ha percibido usted estos cambios en su ex- periencia profesional?

Los cambios han sido brutales. Cuando empecé aún existía la evaluación global, un sistema tradicional y muy burdo y, en pocos años, hemos pasado a un sistema de información inmediata, que te obliga a trabajar en línea con la Agencia Tributaria.

Nuestra profesión se ha debido adaptar muy deprisa porque estos cambios se han producido de una manera muy rápida. Creo que las nuevas tecnologías han ofrecido muchas ventajas, pero han generado unas transformaciones excesivamente rápidas. Como digo, los economistas hemos tenido que subirnos primero a un autobús, después al metro y, al final, a un avión, porque si no, no llegábamos. Ha sido muy estresante.

¿Cuáles cree que son ahora los principales retos para la profesión?

En primer lugar, lo que necesita esta profesión es un reconocimiento que, a día de hoy no tiene. En los últimos 40 años me he dedicado a trabajar en esto y siempre nos ha hecho falta un asidero porque nadie te da un carnet de asesor fiscal y es un sector donde se ha producido un gran nivel de instrusismo.

El segundo reto es regular la actividad profesional, marcar claramente sus reglas de acceso. Llevamos muchos años de lucha en estos temas pero, a pesar de que muchos gobiernos han amagado, aún no se ha metido mano claramente en este tema.

El tercero sería, en mi opinión, un control de la profesionalidad de los ejercientes. Que, periódicamente, al igual que sucede con los auditores, se realizaran cursos de reciclaje y actualización. Este es un trabajo en el que tienes que dedicar un 80% de tu tiempo a estudiar, porque si no estás al día, mañana estás fuera.

Usted formó parte de la Junta Directiva del COEV durante una época muy importante. ¿Qué es lo que más recuerda de aquellos momentos?

Yo formé parte de la Junta de Gobierno que se eligió en diciembre de 1975. Acababa de morir Franco y aquella junta estuvo formada por gente joven y veterana que queríamos cambiar el estado de cosas, tanto en el Colegio como en la sociedad. Como los estatutos no permitían el acceso a gente recién colegiada, tuvimos que hacer milagros para conseguir una candidatura con gente solvente. A pesar de que no hubo otra candidatura, hicimos una campaña para conseguir el apoyo de los colegiados y obtuvimos un nivel importante de respaldo.

Recuerdo que tuvimos bastantes dificultades para ser reconocidos porque el, por entonces, presidente del Consejo General de Colegios de Economistas de España, y decano de Madrid, quería hacernos jurar el Fuero de los Españoles. Nos negamos y no nos dejó tomar posesión.

Fueron meses de mucha tensión y amenazas, más cuando optamos, como medida de presión, por no entregarle las aportaciones de nuestro Colegio, ya que no nos reconocía como tal. Finalmente, la rapidez de los acontecimientos políticos de aquellos tiempos en España le sobrepasaron y fuimos reconocidos.

En cuanto al trabajo en la Junta, pilotamos los cambios en el Colegio, creamos unos estatutos más democráticos e integramos a la gente recién salida de la Facultad para facilitarles el acceso e incrementar nuestra masa crítica. También buscamos ganar influencia en la sociedad. Creo que hicimos un buen trabajo y, visto con perspectiva, lo veo con orgullo.

¿Qué recomendaciones le daría a los nuevos colegiados que acaban de incorporarse a la profesión  y al COEV?

No soy bueno para dar consejos pero les diría que tengan en cuenta que los principios son siempre difíciles. Que no se desanimen y, sobre todo, a los que se dediquen a la asesoría fiscal, que se especialicen en algo muy concreto y sean los mejores en eso. La competencia es ahora mismo enorme entre los despachos y se ha complicado mucho la reglamentación fiscal. Si uno es bueno en algo muy concreto, le irá mucho mejor.