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Sabemos lo que hay que hacer

José Ortega
Ex Decano del COEV

La extensión global del virus Covid-19 ha convertido nuestras vidas en una auténtica pesadilla. Ninguna generación viva ha sufrido unas crisis económica y sanitaria como las que actualmente estamos padeciendo. En consecuencia, los economistas tenemos por delante un importante desafío profesional: ocuparnos de la gran crisis económica provocada por la gran crisis sanitaria. Durante el confinamiento resultante hemos analizado sus efectos sobre la producción, el consumo y el empleo. Ahora, al ir recuperando la libertad profesional y empresarial perdidas, nos toca enfrentarnos a una dramática situación económica y social para aliviar sus efectos. Pero eso, ¿cómo se hace? En ese aspecto tengo una buena noticia que darles: los economistas sabemos cómo hacerlo.

Primero con medidas económicas y financieras. La crisis se inicia cuando las empresas dejan de producir por la paralización de la economía debida al confinamiento, con la consiguiente caída de las ventas, el resultante cierre de empresas y el aumento del desempleo. Todo ello genera falta de liquidez, aumento de la morosidad y de nuevo más caídas de empresas y más paro. En consecuencia, hay que atajar la iliquidez, evitar el cierre de empresas solventes y tomar medidas para reducir el paro. Y ahí estamos. Las medidas relativas a los ERTEs, que han evitado un desempleo mayor, a los avales del ICO, que están generando liquidez, y a los autónomos son congruentes y necesarias, pero insuficientes. Otros países de nuestro entorno, con menos problemas, han multiplicado por varios dígitos estas ayudas y se han esmerado en su puesta en marcha.

Pero no se preocupen porque pertenecemos a un club de ricos que se llama la Unión Europea. En Europa tenemos a tres valedoras que merecen todo nuestro respeto y admiración: Ángela Merkel, Christine Lagarde y Úrsula von der Leyen. Estas tres grandes políticas se han empeñado en rediseñar la Unión y darle un empujón que recordaremos durante mucho tiempo. Van a proporcionar a sus estados miembros toda la liquidez que necesiten, evitando que se disparen sus correspondientes primas de riesgo, lo que ocurriría en el caso de España cuyo déficit en 2020 va a ser superior al 10% y su endeudamiento por encima del 120% del PIB. Como para echar a correr.

Además, al contrario que en la crisis del 2008, las instituciones financieras van a disponer, gracias al Banco Central Europeo, de suficientes fondos como para mantener la financiación de las familias, autónomos y empresas. En total son más de 2 billones de euros los que la Unión va a poner sobre la mesa, algo inaudito y que puede consolidar nuestro proyecto común.

Pero..., aquí está el "pero", si alguien recibe es que alguien da. Son los países del norte y centro de Europa los que tienen capacidad para poner en marcha estos recursos financieros y, como les va a costar dinero, con seguridad van a pedir a los beneficiarios garantías sobre su uso y reformas estructurales, que podrían estar en contradicción con el programa económico de nuestro Gobierno. Y aquí tendríamos un problema político parecido al que sufrió en mayo de 2010 el expresidente Zapatero.

Segundo, medidas importantísimas y que no tienen coste, ni requieren de mayor financiación y que dependen de nosotros mismos: la buena gestión, pública y privada, que hemos de exigir siempre a todos los responsables, pero especialmente en estos momentos.

A las administraciones públicas que sean claras y ágiles en la puesta en marcha de las medidas anticrisis, que mantengan un discurso congruente con el desarrollo económico y que escuchen y presten una especial atención a los sectores más afectados. A los responsables y líderes privados que sean capaces de gestionar las empresas como si no dispusiesen de más recursos que su propia capacidad. En ese sentido les recomiendo a todos que lean el trabajo realizado por el Colegio de Economistas de Valencia: "Crisis Covid: Informe del COEV" en donde encontrarán numerosas opiniones y propuestas de las Comisiones de Trabajo que han participado en su elaboración. No tiene desperdicio.

Reproducción del artículo publicado en el diario Expansión de fecha 8 de junio de 2020.