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La carísima luz al final del túnel

Rafael Torres, Presidente de la Confederación Española de Comercio

La escalada desorbitada del precio de la luz que, a golpe de récord, se está imponiendo en los últimos meses está asfixiando (también, pero muy especialmente) a los autónomos y pymes del comercio. Supone un escollo más en el ya de por sí complicado camino, hacia la recuperación del sector y, unido a los otros muchos sobrecostes a los que tienen que hacer frente los establecimientos del comercio. Esta situación está poniendo en riesgo la supervivencia de aquellos que se encuentran en una situación más vulnerable.

Porque no es solo la subida de la luz. Son los restrictivos requisitos para acceder a las ayudas directas que están imposibilitando que lleguen a la mayoría de negocios, es la posible exclusión del comercio de la prórroga de los ERTEs, son las consecuencias que puede acarrear la subida del Salario Mínimo Interprofesional en un momento tan desacertado y un largo etcétera. En este escenario, el temor a tener que llevar a cabo una reducción de la plantilla o incluso echar el cierre es real para muchos.

Y no es solo la subida de la luz, pero también. Porque son muchos los negocios que están viendo como el importe de su factura mensual llega incluso a duplicarse, alcanzando valores simplemente inasumibles.

Necesitamos soluciones que alivien esta sobrecarga desorbitada que afecta a la rentabilidad de los negocios, lastra su todavía incipiente recuperación y les hace menos competitivos respecto a sus homólogos europeos. No en vano, los impuestos en el recibo de luz en España están entre los más altos de Europa.

Le corresponde al Ejecutivo demostrar ahora la voluntad, el trabajo, y la capacidad para encontrar soluciones que vayan más allá de parches temporales y de dudosa eficacia. Empecemos por medidas a corto plazo como revisar todos aquellas tasas o impuestos que afectan al precio final de la factura.

El sistema de facturación por tramos horarios tampoco ayuda, sino que penaliza al tejido productivo, al coincidir las horas de actividad comercial con los tramos en los que el kWh marca un precio más alto. ¿Acaso puede un comercio de alimentación apagar sus refrigeradores en las horas punta? ¿Deberán encender las luces de los escaparates solo de madrugada?.

Pero la repercusión de esta demencial subida no acaba ahí, continúa en un efecto dominó imparable que ya alcanza también a la cesta de la compra debido al encarecimiento de los costes de producción y el transporte de los productos, sobre todo en alimentación. Y como casi siempre, el comercio de proximidad es el formato que más acusa esta subida; o reduce su ya ajustado margen de beneficios o pierde competitividad frente a otros formatos. No hay respuesta buena.

Proteger un sector estratégico
En medio de esta tormenta perfecta, al comercio le toca seguir demostrando como hasta ahora su enorme capacidad de supervivencia y de adaptación. Tras un año de caídas de facturación sin precedentes, que rondan el 20% de media en 2020 y que han sido especialmente pronunciadas en aquellos negocios relacionados con el equipamiento de la persona (textil, calzado, complementos...), el comercio se encuentra ahora avanzando en el camino de la recuperación, y según las previsiones que hacemos desde la Confederación Española de Comercio (CEC), esperamos para final de año una recuperación del 90% de la facturación registrada en 2019, en la etapa prepandemia.

Pero en esta compleja ecuación de la recuperación, hay muchos factores como los anteriormente mencionados que van más allá de la propia evolución del consumo. Es imprescindible quitar al comercio todos los palos que han ido apareciendo en la rueda de su recuperación y protegerlo como sector estratégico de la economía que es.

Tengamos en cuenta que el conjunto del comercio supone el 13% del PIB nacional, emplea actualmente a más de 3,2 millones de personas en nuestro país y ha demostrado un comportamiento ejemplar en el mantenimiento de los puestos de trabajo durante los periodos de crisis económica. Debemos protegerlo además por su poder como agente vertebrador y dinamizador de la vida social de las zonas en los que se ubica y es que los negocios del comercio de proximidad son un aliado en el modelo de ciudad sostenible, vital y más humana, tributan localmente, revalorizan el entorno, contribuyen a la generación de comunidad...

En definitiva, urge tomar medidas y eliminar todas aquellas trabas que puedan hacer peligrar la recuperación del comercio, empezando con la tarifa eléctrica y siguiendo por lo demás. Hagámoslo o de lo contrario, quizá para cuando empecemos a ver la luz al final del túnel, no podremos pagarla.