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¿Feliz año 2018?

Juan José Enríquez Barbé
Decano Presidente del COEV

Año Nuevo, viejos deseos: todos nos deseamos felicidad para este nuevo año, como lo hicimos con el anterior y el anterior del anterior... Estamos de acuerdo en que la felicidad no la da sólo la economía, aunque, sin duda ayuda mucho... ¿y que nos va a traer este nuevo año en lo económico?

Lo que ya nos ha traído en su primera semana es la confirmación de que el pasado año ha sido récord en creación de empleo. Nada menos que 611.000 nuevas afiliaciones a la Seguridad Social, y quinto año consecutivo creando empleo, desde 2013, lo que sitúa el desempleo en cifras cercanas a las del cierre de 2008.  Y para este nuevo año todas las previsiones coinciden en que se debe producir una cierta desaceleración, pero sin duda deberá continuar la creación de empleo. Las previsiones de la OCDE apuntan a que España liderará la creación de empleo en 2018, con un crecimiento del 2,3 %.

Y si en su día empezamos la crisis con el derrumbe de la actividad inmobiliaria lo cierto es que en 2017 por fin se ha recuperado la actividad inmobiliaria en toda España. De forma tímida todavía, pero el número de licencias de obra nueva no para de crecer y el precio de viviendas también empieza a subir de forma generalizada. Un 5 % según Tinsa en el mismo 2017. Por tanto el ajuste de precios ha finalizado ya, lo hizo hace algún tiempo, por lo que es previsible un aumento importante de la demanda de compra de nueva vivienda, demanda que ha quedado remansada durante largo tiempo precisamente por esa caída del precio de la vivienda.

El turismo ha vivido un nuevo récord, las matriculaciones de automóviles otro, ... todo ello consecuencia de un nuevo año creciendo por encima de 3 % pero sin presiones inflacionistas y, lo que es todavía más importante, sin déficit en nuestra balanza comercial, por tanto sin endeudarnos con el resto del mundo.

¿Y hay motivos para continuar con estas buenas noticias en 2018? En principio parece que sí. Vientos de cola como la política monetaria laxa, el crecimiento del comercio mundial, el precio contenido (aunque menos) del petróleo parece que continuarán durante este año. La cotización del euro presenta algunos riesgos. Su débil cotización ha ayudado enormemente a nuestras empresas facilitando la venta en el exterior, que ha crecido extraordinariamente. Su actual repunte podría perjudicarnos también de forma severa. Sin embargo,  este incremento en su cotización podría ajustarse en el corto plazo si la reforma fiscal de Trump comienza a tener efectos expansivos, y de repatriación de dividendos, como es previsible.

Pero sin duda no todo es positivo en nuestra actual situación económica. El ajuste en el empleo y en salarios que se produjo durante la crisis mejoró la competitividad de nuestras empresas y de ahí se explica en buena parte el tirón del mercado exterior. Pero a su vez este ajuste provocó un desplazamiento de rentas de los asalariados hacia rentas empresariales y del capital. Esto, y es algo palpable, ha generado cierto empobrecimiento de nuestras clases medias, y con ello una merma en las capacidades de consumo de buena parte de la población. Parece ya hora de que el aumento de la productividad y del empleo empiece a ser acompañado de un aumento de las retribuciones del trabajo, sólo de esta forma la población en general sentirá que efectivamente la mejora se está produciendo. El aumento del salario mínimo interprofesional en un 4 % se mueve en esta línea.

Tampoco estamos exentos de amenazas. Sin duda la más importante a nivel doméstico es la situación de Cataluña. Tras las elecciones del 21 D la incertidumbre no ha desaparecido. Parecería razonable que los partidos independentistas, a la vista de lo sucedido, retomaran el poder con un cambio de actitud y de objetivos a corto plazo, propiciando un diálogo con todos, incluyendo con los propios partidos catalanes no independentistas, y volviera definitivamente la calma a esa Comunidad. Las últimas declaraciones de sus líderes, e incluso la pretensión de la investidura a distancia, no parece moverse en esta línea, por lo que a estas alturas las dudas sobre el futuro inmediato y su posible impacto económico en esa región y en toda España, siguen en todo lo alto.

¿Y en nuestra Comunitat Valenciana?. Como no podía ser de otra forma, todos los elementos positivos a nivel nacional también se dan en nuestra Comunidad, pero persisten algunas dificultades propias.

Si decíamos que el nivel salarial ha bajado en toda España, en Valencia este problema se incrementa con un salario medio claramente por debajo del nacional y una renta per cápita que no llega al 90 % de la media.

Pero sin duda el problema estrella de Valencia sigue siendo la infrafinanciación. Una situación injusta que hoy es admitida por todos pero que, incompresiblemente, sigue sin solución inmediata. Somos una de las comunidades que menos gasta en educación y sanidad por falta de recursos, que más dedica al servicio de la deuda por absorber una deuda histórica, que menos dedica al apoyo a empresas y a infraestructuras por carencias de recursos...y tan solo recibimos buenas palabras sobre posibles soluciones y aplazamientos de las mismas. Una situación absurda e injusta y ya, a estas alturas, exasperante.

Con todo ello, creo que se dibuja un perfil de este año positivo, en el que, como siempre, del esfuerzo y trabajo individual de cada uno de nosotros, y también un poco de la suerte, dependerá que seamos capaces de aprovechar los vientos en cola y que acabemos este 2018 considerando que, efectivamente, 2018 ha sido un año feliz. Buena suerte en este empeño.

Reproducción del artículo publicado en el diario Expansión el día 15 de enero de 2018